Y ahí,
en ese momento,
me encuentro.
Un yo conmigo
en el centro de nada,
rodeada por todo.
Me creo aire y agua,
montaña y camino,
nieve que en silencio
se convierte en nuevos sueños.
Alma en paz,
corazón contento,
sonrisa vergonzosa
que nace de dentro.
Y un sol que canta
para espantar miedos.
Cual trenza de hiedra,
crezco hacia la ilusión
de la mirada silenciosa
que me llama a ser mejor.
Aun quedan zarzas en el camino
donde viejos recueros
esperan el olvido.
Pero es en la brisa fresca
que huele a tomillo,
donde escucho sus risas
las que callan el mundo,
las que me hacen fuerte,
las que llaman al futuro...

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